Celulitis infecciosa

Foto de celulitis infecciosa

La celulitis no siempre se reduce a un problema estético sin mayor trascendencia, en el caso de la celulitis infecciosa es considerada una patología severa, que puede dañar tanto la epidermis como los tejidos subyacentes. A pesar de la creencia popular y de lo que su nombre indica, la infección no es provocada precisamente por la celulitis.

¿Qué es la celulitis infecciosa?

A diferencia de la piel de naranja que es provocada por la acumulación de grasa en los adipocitos, la celulitis infecciosa es producida por diferentes tipos de bacterias que penetran la piel usando como vía de entrada un arañazo, una herida, una mordedura o cualquier otra debilidad en su capa superficial. Puede comenzar en cualquier área del cuerpo, aunque es más frecuente su desarrollo en la cara, los brazos y las piernas.

Los síntomas comunes de la celulitis infecciosa son el enrojecimiento, el dolor, el picor, la inflamación y la sensibilidad en la zona afectada, que generalmente se vuelve muy vulnerable con la acumulación de líquido y sangre debajo de la piel. Además el cuadro clínico puede ir acompañado de fiebre, escalofríos, taquicardia y otros síntomas de mayor relevancia.

Esta enfermedad infecciosa requiere de una atención médica inmediata para un tratamiento oportuno con antibióticos, ya que la diseminación de las bacterias en el torrente sanguíneo o en los órganos internos, puede derivar en una enfermedad muy seria de riesgo para la vida.

Causas que la provocan

La celulitis infecciosa puede ser provocada por diferentes tipos de bacterias, siendo las más comunes las de las especies Streptococcus y Stafphyococcus, aunque los hongos también pueden ser causantes en un menor grado.

Para el contagio la bacteria necesita penetrar a través de la piel, por lo que pueden ser factores de riesgo la presencia de heridas superficiales, mordeduras o picaduras de animales, cortes en los dedos, presencia de úlceras, etc. También se ha registrado en casos en que el afectado tiene antecedentes de alguna enfermedad vascular periférica, desordenes diabéticos o se encuentra inmunodeprimido.

El proceso infeccioso inicia cuando hay un contacto con el microorganismo a través de una persona portadora o elementos que se hayan contagiado mediante su manipulación. La infección ataca primero a las capas dérmicas y luego se va expandiendo a través de la piel de forma longitudinal y transversal, de acuerdo a lo cual se va notando un incremento de los síntomas.

Ejemplo de tratamientos para celulitis infecciosa

Tratamientos para la celulitis infecciosa

La celulitis infecciosa se diagnostica debido a su apariencia y síntomas, luego de lo cual se pueden indicar pruebas como el hemocultivo o el CSC, para identificar los microorganismos bacterianos que han entrado en contacto con el paciente.

El tratamiento principal para esta enfermedad suele ser farmacológico debido a su naturaleza y consiste en la indicación de antibióticos durante una semana o diez días, aunque dependiendo de la condición del paciente pueden llegar a ser más. Los antibióticos generalmente son suministrados por vía oral cuando se trata de una celulitis infecciosa leve, pero en los casos de mayor gravedad se deberán recibir por vía intravenosa.

Para atenuar los síntomas también se puede elevar la zona del cuerpo infectada (brazos o piernas), de manera que se evite la acumulación de sangre y se mejore el aspecto general de la piel. Además de los analgésicos, los apósitos fríos y húmedos también pueden aliviar los síntomas como el dolor y el picor en la región.

Como consecuencia de una resistencia a los antibióticos suministrados, puede llegarse a necesitar un drenaje quirúrgico del tejido infectado. En los casos en que la infección se extiende hasta los nódulos linfáticos, estos también deberán ser drenados.

¿Cómo prevenir la celulitis infecciosa?

La prevención de la celulitis infecciosa comienza por la vigilancia de las heridas superficiales presentes en la piel, ya que estas pueden ser vías potenciales para la penetración de bacterias u hongos al organismo. En este sentido se recomienda tener en cuenta las siguientes medidas preventivas:

  • Mantener una buena higiene de la piel, evitando la acumulación de impurezas donde pueden estar latentes las bacterias.
  • Mantener la piel hidratada mediante la aplicación de ungüentos o cremas.
  • Prevenir las heridas superficiales o arañazos que pueden ser provocados por una negligencia.
  • Mantener higienizada las heridas, tratándolas con un antiséptico y cubriéndolas con gasa.
  • Mantener una alimentación equilibrada, rica en minerales y vitaminas.

Para los casos en que se ya se evidencian los primeros síntomas del cuadro clínico de la enfermedad, se recomienda acudir de inmediato al médico para una valoración y en ningún caso automedicarse.

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